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La guerra comercial de Trump y sus principales consecuencias

El FMI advierte que la guerra también afecta a Estados Unidos y le pasará factura

Hace más de año que Donald Trump decidió aprobar la primera ronda de aranceles a las importaciones de China y desde entonces sigue peleando en una batalla inútil, que además de no llevarle a ningún lado le costará caro a la economía estadounidense.

Glosario del contenido del artículo:

Ahora que el presidente estadounidense plantea una subida de los aranceles a China grandes compañías se han movilizado y se han posicionado en contra de los aranceles del 25% qué plantea, pues podrían tener un importante impacto y unas consecuencias catastróficas.

180 fabricantes y distribuidores unen fuerzas en una petición firmada

Alrededor de 180 fabricantes y distribuidores, en la que destacan compañías estadounidenses y alemanas, piden a Donald Trump a través de una petición firmada que pare con la imposición de aranceles a los productos exportados de China.

Las grandes marcas de calzado, como Nike, Adidas o Converse, protestan contra Trump y piden ser excluidas de este aumento de aranceles. A través de una carta firmada reclaman al presidente estadounidense qué termine ya con la guerra comercial con China.

En la misiva, importantes marcas deportivas han pedido, en nombre de los millones de consumidores y miles de empleados, que se cancele esta medida que incrementa el peso tributario, y que perjudica a los consumidores americanos.

Se trata de una medida que supondría al final un coste adicional de unos 7.000 millones de dólares para los consumidores de Estados Unidos, y serían las familias estadounidenses quienes acabarían pagando este aumento en el gravamen.

Pues a principios de este mes Trump decidió elevar los aranceles para importaciones chinas del 10% al 25%, y ahora está preparándose para una nueva subida del 25% a una serie de mercancías que por ahora no están sujetas a impuestos, como juguetes, electrónica y zapatos.

Las marcas de calzado critican los aranceles del 25%

Según exponen en una carta estos fabricantes y distribuidores coinciden y afirman que “La propuesta de aplicar nuevos aranceles aduaneros del 25% sobre el calzado sería catastrófica para nuestros clientes, nuestras empresas y la economía estadounidense en su conjunto”.

Y también advierten de que ‘Son los consumidores estadounidenses quienes pagan los derechos de aduana y no China quien asume el coste tal y cómo proclama Trump. Así que la alternativa que les ofrece el presidente estadounidense cómo política comercial no les sirve.

La industria necesita años de planificación y las compañías no pueden cambiar de sitio sus fábricas para adaptarse a los cambios que sugiere el líder estadounidense, qué propone fabricar en Estados Unidos o cambiar las fuentes de aprovisionamiento.

Para el sector textil China es un mercado fundamental, ya que allí se encuentra una parte importante de las plantas de producción, y aunque muchas compañías tratan de trasladar sus fábricas de Asia a otros países lo cierto es que estas compañías depende mucho de los proveedores de origen chino, principalmente por su barata mano de obra.

Para que nos hagamos una idea del volumen, en 2017 las importaciones de calzado por Estados Unidos desde China fue del 72%.

Fracaso en las negociaciones entre EE.UU y China

China culpa a Estados Unidos del fracaso en las negociaciones, pues el pasado 10 de mayo la delegación china tuvo que irse de Washington sin llegar a ningún acuerdo.

En ese momento Trump decidía poner en marcha una nueva ronda de aranceles, y la guerra comercial tomaba un nuevo rumbo con el veto a la venta de tecnología estadounidense al chino Huawei.

Otros operadores británicos cómo BT y Vodafone cancelaban sus pedidos por las dudas el impacto que tendrá el bloqueo tecnológico estadounidense. Por otro lado, el fabricante británico de chips, ARM, también está afectado por el veto de Trump que se aplica a todas las compañías que importan más del 25% de sus productos de Estados Unidos.

El FMI analiza las consecuencias de la guerra comercial

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha analizado las consecuencias de la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, y el reciente conflicto con el veto de Huawei.

El FMI cuestiona las medidas del presidente estadounidense, quien ha presentado su ofensiva arancelaria para tratar de enriquecer las arcas públicas del país y para requilibrar el déficit comercial con China.

Sin embargo, los consumidores en EE.UU y China están convirtiéndose en perdedores en estas tensiones comerciales. Y es que este organismo internacional asegura  que en esta batalla entre potencias los más perjudicados son los propios importadores y consumidores de EE.UU.

Ahora China está pagándole a EE.UU aranceles del 25% sobre los 250.000millones de dólares en productos y bienes, y sabemos que estos pagos van directos al Tesoro de Estados Unidos. El problema es que los productores chinos no son los que pagan los sobrecostes arancelarios, sino las compañías estadounidenses que importan ‘made in China’.

En su análisis el FMI asegura que el coste de los ingresos recaudados por los aranceles ha recaído casi por completo en los importadores estadounidenses, y dejan en evidencia a Trump, concluyendo qué el presidente parece no saber cómo funciona el comercio internacional.

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